El Papa Francisco, quien hoy concluyó sus actividades pastorales en el Perú, se despidió de los peruanos, diciéndoles que los lleva en el corazón, y que su visita ha dejado una huella imborrable en él, por lo que agradeció a todos los que hicieron posible su viaje.

Recordó que en su primer mensaje de peregrinación en suelo peruano consideró al Perú como una tierra de esperanza, por la biodiversidad que la compone y la belleza de una geografía capaz de ayudar –según dijo- a descubrir la presencia de Dios.

En ese sentido, se refirió al Perú como “tierra de esperanza por la riqueza de sus tradiciones y costumbres que han marcado el alma de este pueblo”, y por los jóvenes, los cuales –refirió- no son el futuro, sino el presente del país.

Precisamente, el Papa Francisco se dirigió a los jóvenes para pedirles que descubran la sabiduría de sus abuelos, de sus ancianos. Su mensaje también fue dirigido a los ancianos, a quienes solicitó transmitir a las jóvenes generaciones las raíces de su pueblo y “la sabiduría del camino para llegar al cielo”.

Expresó, además, su agradecimiento al presidente Pedro Pablo Kuczynski, a las autoridades civiles y a los miles de voluntarios, muchos de ellos anónimos, que contribuyeron a que su visita pueda concretarse.

“Doy las gracias al Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, por sus palabras; a mis hermanos obispos por su presencia y a todos ustedes que han hecho posible que esta visita deje una huella en mi corazón”, manifestó el Santo Padre.

Asimismo, hizo extensivo su agradecimiento a las autoridades eclesiásticas de Puerto Maldonado y de Trujillo, así como al presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, y a la comisión organizadora de su visita al Perú, presidida por el ex ministro de Trabajo, Alfonso Grados.

El Sumo Pontífice también se dio tiempo para bromear, fiel a su estilo, cuando agradeció a los arquitectos que diseñaron los altares que él utilizó en Lima, Puerto Maldonado y Trujillo: “Que Dios les conserve el buen gusto”, comentó.