El delantero resultó decisivo en los choques de eliminatoria

Antoine Griezmann volvió a ser determinante, al permitir a Francia encarrilar una Final de Rusia 2018™ que no había empezado de la mejor forma. Tras la conquista del título hablamos con el mejor jugador del partido y flamante campeón del mundo.

“Al terminar un partido como este, todavía no nos damos cuenta. Pero que nadie lo dude, ¡voy a ser el primero en comprar la camiseta con las dos estrellas!”, decía exultante el artillero francés. Aunque se dejó llevar por la euforia, apartándose para cantar y bailar con Paul Pogba o Kylian Mbappé, no olvidó su profesionalidad y regresó. “Perdón, ¡es que no cabemos en nosotros de alegría! Es un orgullo inmenso, solo tenemos ganas de una cosa: volver a casa para celebrarlo con el pueblo francés”.

Una vez más, el máximo anotador galo del torneo fue resolutivo. Griezmann es de los que asumen las responsabilidades: fue él quien desbloqueó las situaciones en todos los duelos de la fase de eliminatorias.

Contra Argentina, transformó su penal, y ante Uruguay y Bélgica dio a Raphaël Varane y a Samuel Umtiti sendas asistencias de lujo en unas acciones a balón parado en las que mostró una precisión milimétrica.

En la final, forzó el fallo de Mario Mandzukic en un lanzamiento de falta, antes de marcar también desde los once metros. “Me gustan mucho este tipo de partidos. O uno gana o queda eliminado. En estas situaciones es en las que yo siento más confianza, y en las que mejor me encuentro. Qué bien que se haya podido ver de nuevo esta tarde”.

Con sus cuatro goles, se convierte en el segundo máximo goleador francés de un Mundial, solo superado por Just Fontaine y su increíble cifra de 13 tantos en 1958. Grizi no era consciente de ello.

“No lo sabía, pero la verdad, aunque pueda parecer un tópico, lo primero es el equipo. Hoy nos hemos proclamado campeones del mundo juntos. Sin el equipo, ninguno de nosotros es nada”.

En medio del entusiasmo y las celebraciones, Lucas Hernández se acercó… y aprovechamos para preguntarle por su ‘hermano mayor’, con quien comparte vestuario en el Atlético de Madrid, y al que se siente muy unido. “Es uno de los mejores jugadores del planeta, me gusta mucho, a mí me ayuda muchísimo y le deseo sinceramente toda la felicidad del mundo”.

Una felicidad que, en Rusia, se ha traducido en el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA y el Balón de Bronce adidas de la competición. Antes de despedirnos, le pedimos al héroe del día unas últimas declaraciones. Griezmann, radiante, no lo pensó dos veces: “¡Viva la República y viva Francia!”.